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Noodles: “Siempre viviré en mi hutong”

Noodles es el gerente de un hostal del hutong de Qianmen,
un barrio tradicional del centro de Pekín muy laberíntico.

TEMPORADA 1
Diciembre, 2012 · Pekín · China
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Noodles: “Siempre viviré en mi hutong”


TEMPORADA 1

Diciembre, 2012 · Pekín · China



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El hutong de Qianmen es un barrio chino de laberínticas callejuelas y negocios tradicionales situado en el centro de Pekín. Es una historia viviente con muchos años de vida y testimonios de sus habitantes, como el de Noodles, que ha crecido en estas calles y trabaja como gerente de Leo Courtyard, un popular hostal de mochileros situado en uno de estos callejones.

Noodles está orgulloso de vivir en el hutong porque todos se conocen y en el barrio no le falta de nada. Su sueño es poder abrir diez hostales más junto a su jefe en los próximos cinco años, dice que el Gobierno ayuda especialmente a los alojamientos destinados a extranjeros para que llegue más gente al país, ya que Pekín pretende ser una ciudad internacional. Sin embargo, algunos alojamientos del hutong no permiten la entrada a extranjeros, según dice Noodles, porque los trabajadores no saben comunicarse en otro idioma y no podrían resolver posibles problemas

“Si fuera presidente de mi país, haría que la gente aprendiera a hablar inglés”

En las calles que serpentean el hutong se encuentran negocios tradicionales, restaurantes que sirven comida local, tiendas de ropa, fruta, teléfonos móviles y McDonalds, que no falta en ningún lugar de China. No obstante, el menú es algo picante, adaptado al paladar de la gente local.

La comida se come con palillos y se utiliza una cuchara de mango corto para beber el caldo. En general los chinos sorben la sopa haciendo mucho ruido y no se llevan los palillos a la boca, sino la cabeza al plato.

La gastronomía china no se parece mucho a los menús que vemos en los restaurantes chinos de las ciudades occidentales, la variedad de platos es infinita, entre los que destacan en el hutong el pato pekinés o las bolas de baozi.

Las bolas de baozi son unos bollos de pan están rellenos de carne o verdura y cocinados al vapor. Los chinos las comen a todas horas y tienen diferentes tamaños; los pequeños para el desayuno y los grandes para comer junto a una sopa. Sin embargo, la comida favorita de Noodles no son las bolas de baozi, sino las serpientes y los escorpiones que preparan en el hutong.

Los chinos son muy supersticiosos y jugadores. Los casinos están prohibidos en el país, sin embargo en las calles practican juegos constantemente y hacen sus apuestas en los salones de juego de majiang, que son habitaciones antiguas que parecen no querer ser encontradas.

En la mayoría de los locales del hutong cuelgan de la entrada carteles de neón y linternas rojas, con las que creen que atraen energía positiva, ventas y dinero. No faltan las imágenes de Mao, dice Noodles que es como un Dios para ellos.

Las casas son estrechas y tienen un patio cuadrado, que es el centro neurálgico de la vivienda. Como en los hogares no hay suficiente espacio, sus habitantes tienen la ducha dentro de casa pero utilizan los baños públicos que están repartidos por las calles.

Los chinos en general son muy fumadores como Noodles, no obstante contrastan con quienes se ponen mascarillas para protegerse de la contaminación que envuelve la ciudad de Pekín.

A pesar de la gran multitud de gente, la mayoría de los habitantes del hutong se desplazan por los callejones de Qianmen en bicicleta o moto eléctrica. La sensación es de silencio absoluto, excepto por los carraspeos y repetidos escupitajos. Los chinos, sobre todo los de mayor edad, tienen muy arraigada la costumbre de escupir, el Gobierno lleva varios años intentando hacer cambiar este hábito.

Noodles se siente orgulloso de vivir en Qiamnen, en el centro de la ciudad, apartado del ruido de los coches. No le gustaría mudarse a vivir en un área moderna de rascacielos, prefiere quedarse en los calles donde ha crecido cumpliendo el sueño de ampliar su negocio.

“Estaré toda mi vida en mi hutong”

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Lee la historia en inglés gracias a la traducciónd de The Tangible Dream

Autores: Ana Salvá / Joan Planas