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Romeo: sueños de un pescador

Romeo es un pescador de Palawan que sueña con tener una barca
más grande para dar una buena educación a sus hijos.

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Romeo: sueños de un pescador


TEMPORADA 1

Enero, 2003 El Nido · Filipinas



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“La felicidad para mí es que una de mis hijas vaya a la escuela y se gradúe en la universidad”

Romeo aprendió desde muy pequeño que sin estudios sólo se pueden hacer trabajos muy duros como el suyo, pescar es lo que le enseñó su padre y lo único que sabe hacer.

Cuando Romeo era pequeño soñaba con salir de Filipinas pero su vida dio un giro cuando su padre murió de una enfermedad cuando tenía tan sólo 14 años, Romeo era el único chico de la familia y tuvo que dejar los estudios para trabajar y sacarla adelante.

“Me sacrifiqué por mi hermana más pequeña porque tenía que comer”

Romeo quisiera haber ido a la escuela y le ha inculcado a sus hijos que tienen que estudiar para tener un buen futuro. Su hija Lyra tiene 15 años, y con las ideas que tiene su padre, no sorprende que de mayor quiera ser una mujer de negocios y vivir en Estados Unidos.

La hija de Romeo tiene grandes deseos, sin embargo, sabe que son difíciles de conseguir con los pocos recursos que tiene la familia para ayudarle a que sean posibles.

Romeo creció en la provincia de Batáan, en la isla filipina Luzón. Cuando tenía 22 años viajó a la isla de Palawan de vacaciones para visitar a su hermana y se quedó a vivir en esta isla por amor. Conoció a su mujer Josieymel en una fiesta en la playa, se enamoró tan locamente de ella que decidió no regresar a casa.

Durante cinco años Romeo pescó con una caña desde la mañana a la noche para recaudar dinero y navegaba barca de otros compañeros hasta que consiguió tener la suya propia.

Romeo y Josieymel han tenido cinco hijos totalmente fieles a los rasgos de su madre. Buscaban un hijo varón para que les ayude a salir adelante cuando se hagan mayores, sin embargo, ahora que han conseguido tener un niño, Josieymel está embarazada de nuevo y esperan impacientes a conocer el sexo del bebé.

La familia de Romeo vive en Cabigsing, en el barangay Buena Suerte, donde residen otros pescadores en pequeñas casas de bambú cerca de una playa de agua turbia.

Su hogar es muy modesto, sin ningún electrodoméstico y una sola mesa de plástico envejecido por el paso del tiempo. La familia duerme sobre el suelo de madera en la segunda planta.

En la zona hay cortes regulares de electricidad y no tienen suministro de agua, todos los días tienen que ir a buscar agua al pozo con unas garrafas de plástico y la ayuda de una carretilla.

La barca de Romeo tiene forma de piraña de color blanco y verde, con un toldo blanco enrollado para los días de sol o tormenta, y barras de bambú a cada lado para protegerse de las olas. Su deseo es conseguir tener una más grande con la que hacer tours a los turistas para ir a visitar las islas de El Nido y ganar más dinero. Sin embargo, para conseguirlo tiene que doblar sus horas de trabajo.

Romeo se siente solo en alta mar, ya que sale a pescar de noche para que los peces no puedan ver la red. Todos los días saca la barca a las cuatro de la mañana, cuando todavía no ha amanecido, y regresa a pescar otra vez a las cuatro de la tarde antes de que haya caído el sol. Romeo sale a pescar muy lejos de la playa y sabe que si su motor se estropea no va a regresar a casa.

“Una vez se me estropeó el motor y remé desde las siete de la mañana a la una de la tarde. Cuando hay muchas olas tengo miedo que se vuelque mi barca”

Cuando Romeo regresa a la playa ordena su red de mil quinientos metros; es extensa y recogerla requiere más de una hora cada vez que sale a pescar. Su única ayudante es su mujer Josieymel cuando no tiene tareas que hacer en casa.

Este otoño ha sido muy malo para la pesca en la zona y Romeo, al igual que otros pescadores, muchas veces vuelve a casa sin haber pescado nada más que para dar de comer a sus hijos.

“Algunas veces me siento muy triste cuando llego a casa y no tengo nada que dar a mi familia”

Romeo tiene 45 años y es consciente de que se hace mayor y no va a poder ejercer este trabajo muchos años, “lo más difícil es sacar la red del mar, estoy lleno de sudor y es muy duro. Lo hago cada vez que salgo a pescar, dos veces cada día”, excepto cuando hace mal tiempo, que no puede trabajar y no puede obtener ningún beneficio. La ubicación de su barangay y su clima tropical lo convierten en un lugar propenso a terremotos y tifones.

“Muchas veces en casa comemos pescado porque no podemos comprar carne, a veces sólo podemos comer lo que he pescado”

El momento más feliz de su día es cuando llega a casa y tiene pescado para dar a su familia. Romeo lucha todos los días para poder dar un futuro a sus hijos y mejores posibilidades que las que tuvo cuando era pequeño empezó a pescar para dar de comer a sus hermanos pequeños.

“Soy feliz, estoy lleno de sueños, quiero que mis deseos se hagan realidad para que mis hijos terminen los estudios”

Agradecimientos: Nieves Rosento, Efren Faustino y Mark de Castro.

Autores: Ana Salvá / Joan Planas