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Dr. Ho: el médico de la felicidad

El Dr. Ho es el médico de la felicidad. Este médico de 91 años es muy conocido
dentro y fuera de China por curar enfermedades como la leucemia gracias a las
plantas que cultiva en el jardín. Sin embargo, para él la mejor medicina es no
beber, no fumar y ser lo más feliz posible.

TEMPORADA 2
Mayo, 2013 · Baisha · China
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Dr. Ho: el médico de la felicidad

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Mayo, 2013 · Baisha · China

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En el pequeño pueblo de Baisha tienen su propio Disneyland, el de la benevolencia. Se llama The Benevoland, y en lugar de tener a Mickey como protagonista tienen al Dr. Ho, un médico naxi de 91 años que mantiene abierta su consulta todos los días y atiende a todo aquel que se acerque a visitarle, ya sea porque está enfermo, o simplemente, porque quiere verlo en persona. Las guías de viajes lo han convertido en una estrella.

Cuando el Dr. Ho ve algún turista pasear por delante de la clínica, le aborda para explicarle en inglés sus logros curando enfermedades como la leucemia. También enseña entusiasmado los recortes de periódicos en los que se habla de él. Incluso tiene algunos diarios enmarcados que expone en la entrada de la consulta.

El Dr. Ho aparece en más de 300 artículos, se habla de su clínica en las grandes guías de viajes y ha salido en la televisión de varios países “¿Qué idioma hablas?, ¿vasco?, ¿español?, ¿catalán?”, pregunta a los turistas que van a visitarle. Ho comienza a remover los cajones para enseñarles sus escritos sobre medicina tradicional donde está explicada su filosofía: la benevolencia en la práctica médica.

El Dr. Ho es un personaje muy pintoresco. Tiene una larga barba blanca, va vestido con una bata blanca y tocado con un gorro negro de lana. A pesar de tener 91 años, el Dr. Ho tiene mucha energía. “¿Estáis cansados?, ¡yo no!. Hoy aún no he comido, ha habido mucha gente y soy feliz” dice por la tarde después de llevar todo el día recibiendo pacientes en la consulta. “A las seis de la mañana todos los días monto la clínica y los carteles que están en la entrada. Por la tarde lo recojo todo yo solo, cierro cuando ya no queda nadie”.

Cuando los pacientes entran a la clínica, el Dr. Ho les hace la exploración de la medicina tradicional: les mira la lengua, los ojos y el pulso. Mediante las ondas de pulso, en la medicina tradicional china se detectan enfermedades y cómo tratarlas.

Después el médico naxi les receta sus hierbas, prepara la mezcla en una palangana llena de un polvo molido de su laboratorio y la introduce en una bolsa de plástico. “Yo no quiero dinero, sólo quiero un poquito para poder comprar carne, poder vivir bien. Sólo pido 200 yuanes por un mes de tratamiento, pero a los amigos y vecinos no les pido dinero. Cuando viene gente que no tiene nada, les atiendo gratis”.

En los zócalos de la casa-museo The Benevoland que está a pocos metros de la clínica, el hijo del Dr. Ho, He Shu Long, copia las cartas que escriben como agradecimiento los pacientes a los que ha tratado su padre . “Esta la escribió un americano, he copiado la carta con los caracteres exactos que la original”, dice He Shu Long. El escrito dice en inglés: Estimado Dr. Ho, si no fuera por ti no estaría vivo, las hierbas me han curado.

He Shu Long cultiva en The Benevoland las plantas que receta su padre en la clínica. En el jardín hay alrededor de 500 especies diferentes, tanto el padre como su hijo, conocen las propiedades de cada una de ellas e insiste en que no utilizan productos químicos. ”Están aquí, ¿los ves?”, dice señalando los insectos que recorren los tallos de las plantas.

He Shu Long tiene 56 años, aunque aparenta tener muchos menos. “¿Parezco más joven? es porque soy muy feliz”. El hijo del Dr. Ho disfruta escuchando el sonido de las abejas, a las que ha construido varias casetas en el jardín de The Benevoland. De pronto se agacha, coloca su oído en el pequeño agujero de una de ellas y dice con un tono que transmite ilusión “ahhh, como dice mi padre, la mejor medicina es la felicidad”.

He Shu Long estudió medicina en Lijiang hace 30 años pero ya se ha retirado, ahora se dedica a clasificar las plantas, dar clases de botánica a grupos de extranjeros, cuidar las hierbas del jardín y convertirlas en polvo molido para que el Dr.Ho pueda preparar sus mezclas en el laboratorio. “Mi padre no me las tiene que pedir, sé cuando las necesita porque vivimos en perfecta armonía”.

Se encarga también de convertirlas en polvo molido para que el Dr.Ho pueda preparar sus mezclas en el laboratorio. “Mi padre no me las tiene que pedir, sé cuando las necesita porque vivimos en perfecta armonía”.

Mientras He Shu Long cultiva las plantas en el jardín de la casa-museo, el Dr. Ho se encarga de conseguir pacientes en su clínica. No hay mejor relaciones públicas que él, que deja a los turistas entusiasmados cuando pasan por la consulta haciéndoles reír e interesarse por sus tratamientos, mientras que su mujer que tiene 90 años y también rebosa de buena salud, merodea sin ningún protagonismo por la consulta.

”Hemos estado juntos durante 70 años, cuando estudié fuera tampoco nos separamos. Cuando ha habido dificultades también hemos estado juntos”, dice Ho.

El Dr. Ho estudió física en la ciudad de Nanjing, pero tuvo que regresar a Baisha debido a una grave enfermedad que amenazaba con quitarle la vida. Durante años estuvo estudiando miles de plantas para intentar curarse a sí mismo y levantó una clínica para ayudar a otros enfermos. “Mi felicidad es curar enfermedades y ayudar a personas. Cuando el enfermo está sano ya puedo ser feliz. Si la enfermedad no se cura, no soy feliz”.

Para que el enfermo llegue a curarse el Dr. Ho utiliza todo tipo de hierbas medicinales de su jardín, sin embargo, dice que lo más importante es que el enfermo tenga confianza. No fumar o beber. Comer simple, llevar una vida simple, pero sobre todo ser optimista. “¿Por qué utilizo medicina tradicional y no occidental? Por ejemplo, si tienes piedras en la vesícula, en la medicina occidental te la extirpan, y en la medicina tradicional se cura”.

Para el Dr. Ho la felicidad es la mejor medicina, por este motivoitransmite alegría, ilusión y optimismo a quienes se acercan a visitarlo además de recetarles algunas de las hierbas que cultiva su hijo en el jardín, que según dice, curan todo tipo de enfermedades.

“¿Retirarme? Yo no me retiro. Hasta después de los 100 años voy a ver pacientes, yo no me retiro”.

Agradecimientos: Lou Dawei y Mikel Bengoetxea

Autores: Ana Salvá / Joan Planas