Conocimos a King Zero gracias al fotógrafo Vincenzo Floramo cuando estábamos documentando la historia del vertedero de Mae Sot. Habíamos visto unas imágenes en Internet de unos monjes que van a dar comida a las familias del vertedero y queríamos visitarles para preguntarles cuándo tenían pensado ir, nos gustaba la idea de que salieran en la historia si dan comida de forma habitual. Vincenzo nos habló de King Zero, que va a dar comida frecuentemente al vertedero, y nos lo describió además como un monje muy cañero.

King Zero en el vertedero de Mae Sot
Nos habían dicho que teníamos que pedir cita para ir a visitar a King Zero ya que es una persona respetada e importante, pero lo cierto es que aparecimos sin previo aviso y nos recibió muy amablemente en su librería, nos dijo que no tenía ningún donativo para el vertedero pero nos llamaría si tenía intención de ir.
Unos días más tarde, después de leer su biografía, regresamos a la librería para proponerle ser una de nuestras historias y aceptó con una sonrisa, si algo le gusta a King Zero es hablar de la situación política de su país, la educación, y su papel como uno de los organizadores de la Revolución Azafrán. King Zero, que ahora vive en el exilio, ha quedado en el olvido para muchos medios de comunicación que siempre dicen que la Revolución Azafrán comenzó como consecuencia de la subida del precio de la gasolina cuando King Zero junto a otros monjes estaban gestando esta protesta por la democracia mucho antes. Nos decía «¿por qué no me preguntan a mí?».

La librería de King Zero
Cuando ya habíamos hablado con King Zero para documentar su historia quedamos con él en su librería a las 8:30 de la mañana para grabar su desayuno. En el Sudeste Asiático el desayuno no es como los nuestros, ellos hacen un despliegue como si fuera nuestra comida del medio día.
Cuando King Zero terminó de desayunar llegaron sus alumnos -es profesor de inglés aunque cueste creerlo por su pronunciación- y recibió unas ofrendas de un grupo de birmanos. Las ofrendas eran…¡más comida! Mientras King Zero recitaba unas oraciones como agradecimiento, sus ayudantes preparaban la comida que le habían llevado.

Los ayudantes de King Zero preparando la comida
Los monjes no pueden comer nada después de las 12, así que esta era la última comida del día y la más abundante, esta vez nos sentamos en la mesa una vez había terminado él de comer, el protocolo era bastante estricto pero venía más bien por parte de sus ayudantes que por King Zero, con él la relación era muy cercana, como si fuera un amigo más, excepto en el momento de la entrevista.
Según tenía entendido los monjes no cogen nada de las manos de una mujer, King Zero parece de mentalidad más abierta y nos decía que no había que seguir a rajatabla todo lo que no tiene sentido, que hay que hacerse preguntas. Cuando estábamos conversando sobre la Revolución Azafrán alargué el brazo con mi libreta para que escribiera unos nombres birmanos pero no la cogió y me dijo que me los escribiría en un email, lo cual me tomé como una excusa.

¿Un monje con tableta?
Cuando terminamos de comer fuimos en furgoneta a visitar la pagoda que está construyendo gracias a las donaciones y fuimos a dar galletas y fideos instantáneos a los birmanos que viven en el vertedero, la sensación fue algo extraña porque habíamos estado prácticamente dos semanas en ese lugar documentando una historia y lo veíamos desde otra perspectiva, ahora estábamos al otro lado, algunos birmanos que nos conocían parecía que nos miraban extrañados, seguramente porque no entendían la relación que podíamos tener con King Zero ya que siempre nos habían visto solos.

En Asia nunca falta un iPad
Terminó el día y se nos quedó pendiente grabar el programa que da en la radio para responder las preguntas de algunos de sus paisanos y su sesión de meditación en una fábrica de ropa de las afueras de Mae Sot.

Me sumé a hacer meditación con King Zero
La anécdota de la historia de King Zero es que nos presentamos en la librería cuando ya era de noche para grabar unos planos y nos lo encontramos con la cena en la mesa. Los monjes budistas no comen nada después de las 12, como él mismo nos había explicado, porque después de comer se está más cansado de lo normal y esto no es bueno para la meditación. “Si quieres cenar, podemos volver más tarde”, le dijo Joan con ironía. “No pasa nada”, le respondió King Zero. Sabía que le habíamos pillado in fraganti. Aún así le dejamos que cenara y nos fuimos a descansar cuchicheando como niños pequeños sobre la cena.

La prueba del delito
Nos lo pasamos en grande entrevistando a King Zero, que es un monje de mentalidad muy abierta aunque no aceptara mi libreta. Hablamos de política y me tomé la libertad de preguntarle si los monjes llevan calzoncillos. Y para los curiosos, sí, los llevan. Aprovechamos que habíamos cogido confianza a King Zero para hacerle todas las preguntas que no le haríamos a otro monje. Joan le hacía preguntas cuestionando su creencia, gracias a eso entendimos que su vestimenta para ellos es como el uniforme que obligan a llevar en una universidad, o las típicas batas de los colegios, y por supuesto le preguntó sobre la cena: «King, entre tu y yo, los monjes a veces si que cenáis verdad?». Contestó que sí, que a veces si no estás bien de la barriga y el doctor te recomienda comer algo es mejor comer, que las normas se deben seguir solo cuando tienen lógica y no cuando te supongan un riesgo para tu salud.
Cuando nos despedimos, quedamos en vernos en Birmania en agosto pero se inundó Mae Sot durante el monzón y se quedó echando una mano.

Las mujeres no pueden sentarse junto a los monjes
Todavía continuamos en contacto con King Zero, aunque cueste creerlo por la imagen que tenemos de los monjes en Occidente, tiene un ordenador, iPad y móvil. De hecho hablamos con él por Line o email y nos ha dicho que le ha gustado mucho la historia.
Aquí puedes conocer a King Zero.