Cómo encontramos la mina de oro

Cuando decíamos a los tailandeses que nos vamos a Phichit, repetían extrañados el nombre pronunciándolo igual que nosotros, ¿Phichit? La mayoría de los tailandeses que conocemos en Bangkok no tiene ni idea de dónde está Phichit o qué es lo que hay ahí. El revisor del tren con destino Phichit, cuando nos pidió los billetes, nos dijo extrañado, ¿Phichit?, para ponerse a continuación a hablar con su compañero sobre cómo se escribe el nombre. Por un momento pensamos que no sabíamos dónde nos estábamos metiendo.

A punto de coger el tren a Phichit

El motivo de ir a Phichit era documentar la historia de un buscador de oro en una mina primitiva de la provincia y todo apuntaba a que no iba a ser nada fácil. Teníamos como única referencia unas fotos de la agencia Reuters. Escribimos al autor de las fotos y nos dijo que encontraríamos muy buena gente en la mina, pero nunca contestó a las preguntas de cómo llegar o si conocía algún intérprete en la zona.

El nombre de la mina en su artículo estaba mal escrito y con razón no encontrábamos información sobre esa zona. En lugar de Khao Phanom Pha había escrito Panompa, ese era el motivo por el que no encontrábamos ni una sola foto más en Internet. Decidimos viajar a Phichit sin ninguna pista, pero por suerte en el último momento, horas antes de viajar, encontramos un PDF en Internet con información turística para visitar una mina de oro en Pichit, llamamos a los teléfonos de información turística del PDF pero no nos entendíamos. Finalmente encontramos la mina en Google maps pero aún no sabíamos cómo llegar hasta allí, así que viajamos a Pichit para tratar de encontrarla por nuestra cuenta, pensamos que en los pueblos de los alrededores conocerían mejor la mina que los tailandeses de Bangkok.

Un pequeño spoiler. ¡Sí, lo conseguimos!

El tren nos dejó en Phichit a las cinco de la mañana, y nada más poner un pie en el andén, el guardia de seguridad nos recordó que estábamos en Phichit. La última parada del tren es Chiang Mai, una ciudad muy turística de tailandia, y pensaría que eramos unos farangs (extranjeros) despistados.

En Phichit preguntamos a varias personas por la mina de oro, sin embargo, ni siquiera la recepcionista del hostal hablaba inglés, así que decidimos dirigirnos al Ayuntamiento para encontrar a alguien con quien poder comunicarnos y preguntar por una oficina de turismo, o alguna forma para llegar a la mina de Khao Phanom Pha. La oficina estaba cerrada, pero en la puerta conocimos a un ángel que nos dijo en inglés, “¿puedo ayudaros?”. Le enseñamos el nombre y las fotos de la mina que estábamos buscando y por suerte la conocía, pero nos dijo que era imposible alquilar un coche en su provincia y nos acompañó a la estación para ayudarnos a comprar el tícket. También nos escribió el nombre de los dos pueblos donde teníamos que ir para hacer transbordos y nos señaló los horarios.

Esperando el bus una señora con un perfecto inglés nos sacó conversación y casualmente era del mismo pueblo donde está la mina de oro. Le preguntamos si podría hacernos de intérprete, había vivido en Estados Unidos varios años y su nivel de inglés era muy bueno. La mujer aceptó pero iba a llegar al pueblo unos días más tarde, nos dimos el teléfono y nos despedimos contentos de la buena suerte que habíamos tenido, pero días después al intentar concretar una cita para la entrevista, dejó de contestar al teléfono y nunca más supimos de ella.

¿Qué pone?

Dos trayectos de autobús más tarde llegamos al pueblo de Whang Sai Phun que está junto a la mina. Para encontrar un hostal preguntamos con gestos a algunos habitantes del pueblo y todos parecían indicarnos el mismo sitio, unas casetas que están junto a una gasolinera. El cartel, nuevamente, estaba en Tailandés y no entendíamos ni una palabra, así que preguntamos por Facebook a Tor, el ángel que nos había acompañado a la estación el día anterior, si podía llamar al número de teléfono que aparecía en el cartel para preguntar si estábamos en un hostal y si nos podían abrir la puerta. La dueña apareció media hora más tarde.

La propietaria del hostal, una mujer muy protectora

La familia propietaria del hostal es encantadora y desde el primer momento nos quiso ayudar, pero no podíamos hablar entre nosotros, lo único que sabían era lo que le había contado Tor por teléfono, toda nuestra comunicación era a través de señas y fueron tan amables de dejarnos una bici para llegar a la mina. Sí, una bici para los dos. Más tarde se dieron cuenta de que no llegaríamos muy lejos los dos sobre la bici y nos dejaron una moto. Joan aprendió a conducir la moto ese mismo día dando vueltas por el jardín para poder ir a la mina al día siguiente. Y lo hizo bastante bien, sólo tiró unos cuantos maceteros.

El peligro en la carretera no era Joan, sino las serpientes

Después los dueños del hostal nos acompañaron a la mina en coche para conocer la ruta. Sin embargo, no vimos ningún buscador de oro, sino lo que parecían tres granjeras que estaban recogiendo la tierra.

¿Y dónde estaba nuestro protagonista Phatoun? Os lo contamos en la segunda parte.

Aquí puedes conocer su historia.

Diario de Rodaje
enero, 2014
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