Un día con Phatoun

(Nota: esta es la tercera parte de la aventura, aquí podéis leer la primera y segunda parte)

Al día siguiente llegamos a casa de Pathoun junto a la cabecilla de la mina y Pathoun nos enseñó el funcionamiento de su carreta para que nosotros grabáramos el proceso paso a paso, nos dimos cuenta de que la cabecilla no le había explicado lo que queríamos hacer, lo que nos interesaba era su historia, su día a día, intentamos explicárselo de la mejor forma que pudimos, ya que no sabía inglés y nosotros no sabíamos tailandés, y dejamos que hiciera sus cosas como si fuéramos su propia sombra.

Más tarde Pathoun nos llevó a su lugar de trabajo, nos señaló un poste del suelo y tras retirar las hojas que se habían acumulado sobre él con el paso del tiempo exclamó “¡Khao Phanom Pha!”. El lugar era exactamente el mismo donde habíamos estado anteriormente con los propietarios del hostal, donde estaban las supuestas granjeras trabajando la tierra, pensábamos que los buscadores de oro trabajarían en otro lugar y tendrían un aspecto algo más robusto.

El cartel de Khao Phanom Pha

Pathoun nos acompañó a ver cómo trabajaban sus compañeros pero él no hacía nada, nos señalaba sus movimientos tratando de explicárnoslos. “¿Y tú no trabajas?” intentábamos hacerle entender con señas, lo que buscamos es que los protagonistas hagan su vida habitual como si no estuviéramos.

Pathoun y sus compañeros, ¿os imaginábais así una mina?

Pathoun cogió una pala, se puso manos a la obra y cuando terminó de picar subimos a otro lado de la montaña con su mujer donde tienen la máquina que aparece en la historia. Una vez allí realizaron todo el proceso para extraer el oro, aunque Pathoun apenas trabajaba, estaba muy pendiente de nosotros y quien lo hizo prácticamente todo fue su mujer. Eso era un problema para nosotros, porque él era el protagonista de la historia y necesitábamos que trabajara como hacía habitualmente para grabar y hacer las fotos.

Después Pathoun desapareció un momento y regresó con dos piedras con un piquito de oro que nos regaló a cada uno, la roca no parecía de la zona porque era mucho más blanca de las que habíamos visto, no sabemos de dónde sacó las piedras pero desde luego estuvimos muy agradecidos, las guardamos con mucho cariño.

El regalazo de Pathoun

Cuando la mujer de Pathoun terminó el proceso nos fuimos juntos a vender los tesoros del día por lo que les dieron 220 bahts, unos 4,8 euros. Cuando el dueño de la tienda les dio el dinero y nos dimos la vuelta para irnos, Pathoun compró la piedra de oro que acababa de vender para regalárnosla a nosotros. Y aunque nos resistimos a aceptarla, ya que era su sueldo del día, no aceptó un no como respuesta.

El tesoro del día

Pathoun mientras comíamos intentaba comunicarse con nosotros y llamamos a nuestra amiga Ren Qian, una china que habla perfectamente tailandés y de la que ya hemos hablado alguna vez en este Diario de Rodaje, para que nos hiciera de intérprete por teléfono. Pathoun quería preguntarnos si queríamos que trabajara un poco más, y por supuesto contestamos que no, íbamos a estar con él todo el día, le contestamos que fuera a descansar si lo creía necesario ya que somos nosotros quienes nos tenemos que adaptar a su vida.

Comiendo con Jantha y Pathoun

Después de invitarles a comer, lo mínimo que podíamos ofrecer a cambio de su hospitalidad, fuimos a casa de Pathoun y nos trataron tan bien que nos sentimos algo incómodos, nos invitaron a sentarnos bajo una cubierta de brezo del jardín para resguardarnos del sol, nos dieron unas botellas de agua fría, que no son fáciles de conseguir en esa aldea de Tailandia, e incluso conectaron un ventilador frente a nosotros en el jardín.

Su vecina, al ver que “sólo” teníamos uno, nos trajo otro ventilador y nos regaló otra piedra con un piquito de oro. Nosotros intentábamos rechazar tanta hospitalidad, se supone que tenemos que pasar desapercibidos para ir documentando la historia de nuestro protagonista, no que nosotros seamos los protagonistas.

Con los dos ventiladores en el jardín

Y esto no es todo, pasados unos minutos apareció un vendedor ambulante en bicicleta en la entrada de la casa y nos compraron un helado, al verlo nos acercamos rápidamente para pagar nosotros e intentamos explicarles que no necesitábamos nada más, estábamos muy bien con ellos en casa.

A Joan le encantó el helado, ¡se comió los dos!

Mientras esperábamos a que cayera un poco el sol y Pathoun terminaba de arreglar unas herramientas en el jardín, tratamos de buscar un intérprete para hacer la entrevista, a Pathoun le va bien hacerla esa misma tarde y a nosotros también, así podíamos viajar a por la siguiente historia.

La mujer que habíamos conocido en el bus y nos iba a hacer de intérprete no contestaba. Usa nos dio el contacto de un profesor de inglés que se llama Teacher boy y tenía el teléfono apagado, sin embargo nos había dicho que tenía una tienda de comestibles frente a la estación de policía de la carretera principal y tratamos de encontrarlo. Eso sí, si algo había frente a la estación de policía, eran tiendas. Entramos una a una pero nadie conocía a Teacher boy, un niño de una tienda nos acompañó a una escuela, quizás había entendido la palabra “teacher” y se había confundido.

En la escuela conocimos un camerunés. ¡Otro camerunés! A este profesor se le ocurrió un intérprete, su profesora de tailandés que no estaba disponible ese mismo día y hablaban tan despacito en inglés por teléfono que su nivel no debía ser muy bueno. Ya no teníamos más opciones, no podíamos hacer la entrevista ese mismo día.

Regresamos a la mina sin un intérprete. Joan había encontrado en el mapa de Google una parte de la mina que aparecía en las fotos que habíamos encontrado en Reuters y que aún no habíamos conseguido ver, decidimos ir antes de que anocheciera y por el camino nos encontramos con Pathoun que parecía extrañado de que estuviéramos por la zona dando vueltas, así que decidió seguirnos y se marchó pasado un rato.

El otro lado de la mina

El lugar era más atractivo que lo que habíamos visto hasta ahora, pero por desgracia no había nadie trabajando así que después de hacer un par de fotos decidimos regresar. Cuando nos dimos la vuelta nos encontramos a Pathoun, su mujer, su hijo, y la cabecilla de la mina. ¡Uno en cada moto! Como si estuvieran en fila india, bloqueando el paso, como si fuera una redada. ¿Hemos hecho algo mal?, ¿no podíamos estar ahí?

De pronto sonó nuestro teléfono. Era Usa. Insistió que teníamos que irnos porque se iba a hacer de noche y nos iba a ir a buscar con su marido en ese momento. Todo olía muy mal. Conseguimos hacerle entender que nos faltan unos planos de la casa de Pathoun de noche. También nos llamó George, el camerunés amigo de Usa, para decirnos que ella estaba muy preocupada. Los propietarios del hostal también nos estaban buscando.

Aquí puedes conocer su historia.

Diario de Rodaje
enero, 2014
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